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Heritage brands: el carácter atemporal del lujo

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Durante décadas, el discurso predominante en torno al lujo estuvo centrado en la innovación tecnológica y estética: más vanguardia, más disrupción, más inmediatez. Sin embargo, en un contexto saturado de novedades efímeras y modas que caducan en cuestión de semanas, las marcas han comprendido que la auténtica diferenciación no está en lo inmediato, sino en lo que resiste al tiempo. De ahí el auge de las llamadas heritage brands. Aquellas que construyen su identidad sobre un legado cultural o histórico, real o recreado, y que hacen de la herencia su principal argumento de valor.

De lo nuevo a lo atemporal

La novedad ya no basta. El consumidor actual busca raíces, continuidad y una historia que otorgue sentido a lo que compra. Hermès lo demuestra con su insistencia en el savoir-faire, mientras que Burberry, con el cambio de logo en 2023 recuperando tipografías clásicas y alejándose del minimalismo dominante, apostó por subrayar su identidad británica.

(Foto: Gucci Instagram)

Gucci revisa constantemente sus archivos y firmas como Patek Philippe, Loro Piana o Acqua di Parma entienden que su atractivo reside más en custodiar un relato atemporal que en multiplicar lanzamientos. Incluso las marcas jóvenes intentan construir genealogías ficticias, inventando archivos o símbolos que sugieran un linaje inexistente para ganar legitimidad.

El consumidor contemporáneo es cada vez más sensible a la coherencia. En un mundo donde los algoritmos nos bombardean con estímulos desechables, la consistencia se convierte en un valor refugio.

Las heritage brands no solo venden un producto, sino una sensación de permanencia. Un vínculo con una tradición que precede al comprador y que seguirá existiendo después de él. Ese anclaje psicológico explica por qué tantas firmas buscan hoy construir un relato que las presente como atemporales. Porque, en la mente del consumidor, lo que tiene historia tiene también autoridad.

Ejemplos de autenticidad

Santa Maria Novella

Hay casos paradigmáticos que ilustran cómo la herencia se convierte en un valor tangible y atemporal.

Santa Maria Novella, la farmacia florentina fundada en el siglo XIII, ha trabajado siempre con el mismo lenguaje de tradición sin necesidad de reinventarse, demostrando que la autenticidad puede sostenerse en el tiempo sin artificios.

En el ámbito gastronómico, Lhardy en Madrid, fundado en 1839, ha sabido preservar su identidad convirtiéndose en un referente de sofisticación histórica.

Más recientemente, la Casa de Alba, en un ejercicio de modernización impulsado por el duque de Huéscar y su mujer, Sofía Palazuelo, lanzó su colección de perfumes Fitz-James Stuart de la mano del perfumista Alberto Morillas. Un proyecto en el que no fue necesario inventar un relato, porque el legado real ya estaba presente para dotar de sentido a la marca.

Pero no todas las marcas tienen ese patrimonio real. En ausencia de herencia auténtica, muchas recurren a la invención de símbolos, archivos o gestos que evocan un linaje inexistente.

Aquí se abre una paradoja interesante: ¿Es menos válido un legado inventado si logra transmitir la misma emoción de permanencia? Algunos sostendrían que no, siempre y cuando la narrativa esté bien construida. Sin embargo, el riesgo es evidente: cuando el consumidor descubre la impostura, la promesa se derrumba y la marca pierde credibilidad.

La comunicación como parte del legado

Foto: bottegaveneta.com

El carácter atemporal no se expresa solo en los productos, sino también en la manera en que las marcas se comunican. En los últimos años, las redes sociales han sobreexpuesto y, en muchos casos, vulgarizado productos antes considerados inaccesibles, como el Birkin o el mini Kelly. Su omnipresencia en los feeds digitales ha erosionado parte de su aura de exclusividad, transformándolos en símbolos repetidos más que en iconos de distinción.

Como respuesta, algunas marcas han optado por estrategias opuestas. Un caso revelador es el de Bottega Veneta, que decidió cerrar todas sus redes sociales para reforzar su identidad de discreción y exclusividad. En una era en la que la sobreexposición digital parece inevitable, este gesto radical sirvió para subrayar que su verdadero valor no reside en likes ni en métricas, sino en una narrativa de herencia silenciosa y coherente.

El espejismo digital

Lhardy

Este fenómeno encuentra su contrapunto en el universo digital, donde la proliferación de la estética old money en redes sociales muestra la otra cara de la moneda.

Miles de usuarios intentan replicar esa imagen a través de opciones low cost, accesorios de segunda mano o estilismos inspirados en la aristocracia. Todo sin comprender que lo que sostiene ese universo no es la superficie estética, sino el legado familiar, cultural y económico acumulado durante generaciones.

Frente a la autenticidad de Santa Maria Novella, Lhardy o la Casa de Alba, que se apoyan en siglos de continuidad, esta aspiración digital refleja un deseo de pertenecer que carece de raíz real. Es el contraste entre lo heredado y lo imitado, entre lo genuino y lo superficial.

En este mismo terreno juega la figura de Gstaad Guy, un personaje satírico que, a través del humor, expone los códigos invisibles de los ultrarricos. Su éxito radica en mostrar cómo esos gestos, jergas y referencias culturales constituyen un metalenguaje que no se improvisa y que, precisamente por eso, no puede ser replicado por quienes solo buscan imitar la estética. La popularidad de Gstaad Guy revela que incluso en la parodia se reconoce la diferencia entre la autenticidad heredada y la apariencia digital.

Conclusión: el tiempo como verdadero lujo

El auge de las heritage brands no es un capricho ni una moda pasajera, sino una respuesta cultural a la fatiga de lo efímero y a la necesidad de justificar el valor en tiempos inciertos. Su fuerza reside en su carácter atemporal, en esa capacidad de atravesar generaciones sin perder relevancia.

Porque en el lujo contemporáneo, lo verdaderamente exclusivo no es lo nuevo, sino lo que demuestra haber resistido el paso del tiempo.

Jaime Camuñas

Consultor de Hospitality. Co-founder y Co-director creativo en Momento Experiences. Escribo sobre cómo el lujo contemporáneo evoluciona hacia modelos donde la estética, el detalle y la coherencia definen nuevas formas de habitar, disfrutar y pertenecer.

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