Foto: Gtres.
Tan solo tres meses después de que el príncipe William y Kate Middleton se dieran el “sí quiero” en una boda de cuento de hadas, llegaba el turno del príncipe Alberto. El heredero al trono de Mónaco se casaba con Charlène Wittstock. Una boda totalmente diferente a la de los duques de Cambridge y que se celebró entre rumores de huida de la novia. Hoy se cumplen 11 años de esa histórica celebración y para recordarlo vamos a hablar de las curiosidades del “sí quiero” de Alberto de Mónaco y Charlène Wittstock.
Lo más curioso de la boda real de Mónaco quizás pasó antes del enlace. A solo tres días de casarse, varios medios publicaron que la futura esposa trató de escapar del Principado. Según contaron en su momento, Charlène se habría enterado de que el príncipe Alberto había tenido un hijo secreto durante los cinco años que había durado su noviazgo, una noticia que hizo que la novia quisiera abortar la boda.
En concreto, se habló de tres intentos de huida, uno de ellos en el aeropuerto de Niza, sin embargo todos fueron frustrados y, como ya conocemos, Charlène acabó casándose con el príncipe. Todas estas noticias fueron desmentidas por la Casa Real, pero la imagen de la novia sin parar de llorar en la boda hizo que muchos sospecharan de su veracidad.
Y es que otra de las curiosidades de la boda es, precisamente, el semblante serio, e incluso triste, que tuvo Charlène en toda la ceremonia. Tal y como muestra la hemeroteca, la princesa no pudo parar de llorar en toda la ceremonia religiosa. Incluso se puede ver como hay momentos en los que el príncipe Alberto entre susurros le dice “no llores, no llores”. Y es que las lágrimas corrían sin control por su rostro.
A pesar de su rictus serio, Charlène lució espectacular el día de su boda. Para este día tan importante la ya princesa se decantó por un diseño exclusivo de Giorgio Armani. Un vestido para el que se utilizaron 130 metros de seda duquesa en color blanco roto y que costó más de 2.500 horas de trabajo. Y es que el diseño con escote barco y ceñido a la cintura tenía más de 40.000 cristales de Swarovski, 20.000 madreperlas en forma de lágrimas y 30.000 perlas doradas bordadas.
Charlène completó el look con un elegante velo con cola de cinco metros que partía de su recogido. Y es que, a diferencia de otras princesas, Charlène no lució tiara el día de su boda, ni tampoco pendientes o pulseras. La única joya que lució fue un broche de plata y brillantes que adornaba su recogido.
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