Foto: Gtres
El rey Carlos III ha presentado una nueva versión de los tradicionales púdines navideños de la familia. Una creación gastronómica inspirada en la receta familiar de la difunta reina Isabel II. El objetivo de preservar y compartir una de las tradiciones culinarias más emblemáticas de la monarquía británica.
Estos púdines reales se comercializan bajo la marca de Sandringham Royal Estate y están disponibles en la tienda oficial de la finca real de Sandringham, en el condado de Norfolk. Un lugar históricamente vinculado con las celebraciones navideñas de la familia real.
El producto se ofrece este año en dos formatos. Una versión grande de casi un kilo de peso por 19,99 libras y otra más pequeña por 6,99 libras. Esta última está pensada para quienes desean probar el postre sin necesidad de compartirlo.
La receta mantiene el espíritu clásico del pudding navideño británico. Posee ingredientes como pasas, frutas cítricas confitadas, pan rallado, brandy y jerez. No obstante, el presentado este año se diferencia de la fórmula original de Isabel II al prescindir de la cerveza y el ron oscuro, adaptándose así a gustos contemporáneos y a un público más amplio.
Además, la versión de Sandringham incorpora frutos secos como almendras y nueces, así como dátiles. Utiliza aceite de palma procedente de fuentes sostenibles.
Desde la tienda oficial se describe el puding como un plato “perfecto para reuniones familiares o para disfrutar en solitario”. Destacan su elaboración artesanal y el tiempo de maduración necesario para que los sabores se desarrollen plenamente.
El cuidado por el detalle también se refleja en su presentación. Viene con un envoltorio rojo festivo decorado con un pequeño pájaro posado sobre una rama de un acebo, en consonancia con otras líneas de productos aprobadas por la Casa Real.
Esta iniciativa se enmarca en una tradición familiar profundamente arraigada. En 2019, la reina Isabel II, el entonces príncipe Carlos, el príncipe William y el príncipe George participaron juntos en la elaboración de púdines navideños. Lo hicieron como parte de una acción benéfica de la Royal British Legion.
Tras la muerte de Isabel II, Carlos III ha continuado una costumbre instaurada por su abuelo, el rey Jorge V. Solía regalar cada año alrededor de 1.500 púdines navideños a los empleados de la Casa Real, acompañados de una tarjeta de felicitación.
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