Foto: Gtres.
A pesar de su delicado estado de salud, la reina Camilla no quiso perderse ayer la última cena de gala en el palacio de Buckingham antes de su remodelación. Para despedir el bunker de la realeza británica, la esposa de Carlos III quiso rendir homenaje a Isabel II rescatando una de sus tiaras más queridas y valiosas. Lo hizo con un acertado y elegante vestido rojo que nos hizo olvidar la ausencia de Kate Middleton.
Camilla Parker Bowles tomó el relevo a Kate Middleton en la visita de Estado del emir de Qatar y su esposa Jawaher bint Hamad bin Suhaim Al Thani. La princesa, que estuvo presente en la recepción y el acto posterior, no acudió a la cena de gala como estaba previsto.
En su lugar, la reina brilló por méritos propios. Y como hizo hace dos semanas, Camilla estrenó tiara. En este caso, se decantó por la tiara Kokoshnik, una de las favoritas de Isabel II y que lució en numerosas ocasiones.
Se trata de una diadema compuesta por setenta barras de platino decoradas con 488 diamantes, un especial diseño que sigue el estilo kokoshnik, una corriente que estuvo muy de moda a finales del siglo XIX en Rusia, y que da nombre a la tiara. Las princesas de la dinastía Romanov solían lucir este tipo de tiaras que se inspiran en el ornamento que las mujeres rusas llevaban en sus cabezas y que emulaba un halo.
La tiara Kokoshnik llegó a la familia real británica en tiempos del rey Eduardo VII, cuando un grupo de mujeres de la aristocracia se unieron para regalar a la reina Alejandra una tiara para celebrar sus bodas de plata. Fue la propia reina Alejandra la que pidió que la tiara tuviera esta forma tan particular, pues se la había visto a su hermana, la emperatriz de Rusia, María Fiódorovna.
La reina Isabel II la heredó a su llegada al trono y la lució en numerosas ocasiones, convirtiéndose en una de sus tiaras preferidas para los grandes eventos. Y es que es una pieza muy versátil porque además de lucirse como diadema, también es un collar.
La reina Camilla decidió combinar la tiara Kokoshnik con un elegante collar de flecos de diamantes, también herencia de Isabel II, y unos pendientes largos de brillantes que pertenecen a su joyero personal.
Como vestido, la esposa de Carlos III acertó con un elegante diseño confeccionado en terciopelo de color rojo. Un vestido de escote pico, ceñido al abdomen y manga larga abullonada, que firma la diseñadora Fiona Clare.
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